En octubre de 2025, China impuso las restricciones más amplias hasta la fecha sobre la exportación de tierras raras: cualquier producto fabricado fuera de China que contuviera un 0,1% o más de material de origen chino, o que se hubiera fabricado con tecnología china de procesado, pasaba a necesitar una licencia de exportación china. Era, según distintos análisis, un modelo calcado de las normas de control extraterritorial que Estados Unidos usa con sus propias tecnologías.
Aquellas medidas nunca llegaron a aplicarse del todo. Tras la cumbre de Busan del 30 de octubre de 2025 entre Xi Jinping y Trump, ambos países acordaron un repliegue mutuo: China suspendió sus controles de octubre hasta el 10 de noviembre de 2026, y Estados Unidos hizo lo propio con su normativa equivalente. La pregunta que queda en el aire es qué pasa después de esa fecha.
La escala del problema, mientras tanto, no ha cambiado mucho. Según el Global Critical Minerals Outlook de la Agencia Internacional de la Energía, China es el principal refinador de 19 de los 20 minerales estratégicos más importantes, con una cuota media del 70%. Para las tierras raras que se usan en imanes, como el neodimio, el praseodimio, el disprosio y el terbio, China concentró en torno al 60% de la extracción mundial en 2024, pero llega al 91% en las fases de separación y refinado, muy por delante de Malasia, su seguidor más cercano.
Ese dominio ya ha dejado un efecto medible en los precios: incluso después de que los volúmenes de comercio se recuperaran, los precios de tierras raras en los países importadores se mantuvieron elevados, hasta seis veces más caros en Europa que en China, según el propio análisis del IEA.
Estados Unidos ha respondido con financiación pública: el Banco de Exportación e Importación (EXIM) ha emitido cartas de intención por casi 4.000 millones de dólares a lo largo de toda la cadena de suministro de tierras raras, según CSIS. Pero la minería y el refinado son industrias de plazos largos, y el propio CSIS advierte de que, aunque el impulso es real, traducir esos anuncios en producción efectiva lleva años: la nueva capacidad de fabricación de imanes que empieza a entrar en funcionamiento en el verano de 2026 apenas empezará a reducir la dependencia de China, y la autosuficiencia sigue siendo un camino largo.
Un analista de Trivium China citado por China Briefing plantea una lectura que conviene tener en cuenta: los requisitos de licencia en sí mismos no son negociables para Pekín, porque son el mecanismo que le permite endurecer o relajar el control sobre países, empresas o industrias concretas, no el daño que busca causar de por sí. Bajo esa lectura, la tregua actual sería una pausa táctica, no un cambio de estrategia.
Si la dependencia estructural sigue casi intacta y el mecanismo de control permanece disponible, aunque en pausa, ¿qué cambia realmente cuando llegue el 10 de noviembre?
— La Forja Global
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Fuentes y nivel de confianza
Las restricciones de octubre de 2025, su suspensión tras la cumbre de Busan (30 de octubre) y el plazo del 10 de noviembre de 2026 proceden de China Briefing, CSIS y el Parlamento Europeo, que coinciden entre sí. Las cifras de concentración china en refinado (70% de media en 19 de 20 minerales, 60% de extracción y 91% de refinado en tierras raras para imanes) proceden del Global Critical Minerals Outlook de la Agencia Internacional de la Energía. El dato de precios hasta seis veces más altos en Europa procede del mismo análisis del IEA. Los casi 4.000 millones de dólares del EXIM proceden de CSIS. La cita sobre la lógica de Pekín respecto a las licencias procede de Cory Combs (Trivium China), recogida por China Briefing. Confianza alta en el conjunto: son fuentes institucionales (IEA, centros de estudios) que coinciden en los hechos centrales. Dado que es un tema con desarrollos frecuentes y una fecha límite próxima, conviene comprobar si ha habido novedades justo antes de publicar.

