Los números de fondo son contundentes: en 2025 nacieron en China 7,92 millones de personas, la cifra más baja desde 1949, por debajo del número de fallecimientos ese mismo año. El país cerró 2025 con 1.405 millones de habitantes, 3,39 millones menos que en 2024, con una esperanza de vida media que ya ronda los 79 años. Es el efecto acumulado, entre otras cosas, de la política del hijo único que rigió hasta 2015 — una pirámide demográfica que hoy se estrecha justo cuando el país más necesita mano de obra joven para sostener su modelo industrial.

La respuesta de China a este problema no ha sido discreta. En 2023, el país ya tenía 470 robots por cada 10.000 empleados en su industria — una cifra que superó a Japón y a Alemania, las dos referencias históricas de automatización industrial del mundo. El propio Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chino ha fijado el objetivo explícito de duplicar esa densidad, con un plan que aspira a tener entre dos y tres empresas de robótica humanoide con influencia global antes de que termine esta década, y que estos robots se conviertan en un motor de crecimiento económico propio para 2027. Según datos de la Federación Internacional de Robótica citados por medios especializados, China sumó más de 2 millones de robots industriales operando en sus fábricas, con un incremento interanual del 7%.

El caso de la planta de camiones Sany, en la provincia de Hunan, ilustra bien cómo se traduce esto en el suelo de fábrica: la empresa no solo ha automatizado el prensado y pintado de piezas —tareas que llevan décadas robotizándose en todo el mundo—, sino que está intentando llevar humanoides incluso a la fase final del ensamblaje, la más laboriosa y la que tradicionalmente ha resistido mejor la automatización. Huang Tie, subdirector general de la planta, lo explica sin rodeos: la estructura demográfica china está cambiando de forma irreversible, y para las industrias intensivas en mano de obra, sustituir personas por robots ya no es una opción — es, en sus palabras, inevitable.

Aquí está el punto que conviene no perder de vista: esta apuesta china no es solo defensiva. No se trata únicamente de "tapar un agujero" de mano de obra que desaparece. El objetivo declarado del gobierno chino es que la robótica —incluida la humanoide— se convierta en un sector exportador con peso propio, igual que ya lo son la industria solar o la del coche eléctrico. Es decir, China está tratando de convertir un problema demográfico real en una ventaja industrial que pueda vender al resto del mundo — muchos de los países que en las próximas décadas enfrentarán exactamente el mismo problema de envejecimiento, solo que unos años más tarde.

El riesgo que hay que vigilar, y que conecta directamente con lo que vimos hace pocos días en los primeros Juegos Olímpicos de robots humanoides celebrados en Pekín, es que sigue existiendo una brecha entre el volumen de inversión y anuncios —cientos de empresas compitiendo, cifras de densidad de robots creciendo rápido— y la madurez técnica real de la robótica humanoide para tareas complejas fuera de un entorno controlado. La automatización industrial clásica (brazos robóticos fijos, líneas de ensamblaje) es una tecnología ya probada y rentable. La sustitución de trabajo humano flexible por robots humanoides generalistas todavía está resolviendo problemas básicos de equilibrio y coordinación, como vimos en aquel evento.

Los datos demográficos de este artículo (nacimientos, población total, esperanza de vida) proceden de fuentes que citan datos oficiales chinos y de Naciones Unidas. Las cifras de densidad de robots industriales y los objetivos del Ministerio de Industria chino están confirmados por France24 y por la Federación Internacional de Robótica. El caso concreto de la planta Sany y la cita de Huang Tie provienen de una pieza de Financial Times recogida por Diario Financiero, publicada en junio de 2026.

— La Forja Global

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