Según los últimos datos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, China redujo sus tenencias de bonos del Tesoro a 652.300 millones de dólares en marzo de 2026 — una caída de aproximadamente un 6% respecto a febrero, y el nivel más bajo desde septiembre de 2008. Japón, que sigue siendo el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense, también recortó su posición cerca de un 4%, hasta 1,192 billones de dólares, bajando desde 1,239 billones en febrero. En conjunto, las tenencias extranjeras totales de deuda estadounidense cayeron un 1,5%, de un récord de 9,487 billones de dólares en febrero a 9,348 billones en marzo.

El detonante inmediato tiene nombre y fecha: el estallido del conflicto entre Estados Unidos e Irán y el posterior cierre del Estrecho de Ormuz, que disparó los precios del petróleo y generó una ola de volatilidad en los mercados asiáticos. Frederic Neumann, economista jefe de Asia en HSBC, lo explicó de forma directa: la creciente presión sobre los tipos de cambio en Asia obligó a varios bancos centrales a intervenir en el mercado de divisas para sostener sus propias monedas — y para conseguir el dinero necesario para esas intervenciones, vendieron parte de sus bonos del Tesoro estadounidense.

Aquí está el mecanismo que conviene entender bien, porque no es solo una cifra abstracta: cuando la moneda de un país se debilita frente al dólar, su banco central puede intervenir comprando su propia divisa en el mercado — y para eso necesita dólares en efectivo. Una de las formas más rápidas de conseguir esos dólares es vender activos denominados en dólares que ya tiene en su balance, y los bonos del Tesoro estadounidense son precisamente eso: el activo en dólares más líquido y más fácil de vender del mundo. No es una decisión ideológica de "romper con Estados Unidos" — es una necesidad de liquidez inmediata provocada por una crisis geopolítica concreta.

Conviene distinguir esto de la tendencia de largo plazo que ya vimos en un artículo anterior de esta newsletter, sobre la caída del peso del dólar en las reservas mundiales y el aumento de compras de oro por parte de los bancos centrales. Aquella es una tendencia estructural de varios años. Esta caída puntual de marzo de 2026 es distinta: es una reacción táctica y coyuntural a un shock geopolítico específico, no necesariamente el inicio de una fuga sostenida. China, de hecho, lleva reduciendo gradualmente su exposición al Tesoro desde su pico de en torno a 1,3 billones de dólares en 2013 — un proceso ya en marcha desde hace más de una década, que esta crisis simplemente aceleró en un mes concreto.

El riesgo real para Estados Unidos no está en un solo mes de ventas, sino en qué pasaría si esta reducción táctica se convirtiera en una tendencia sostenida por parte de sus mayores acreedores: menos demanda extranjera de deuda estadounidense presiona al alza los tipos de interés que Washington tiene que pagar para financiarse, justo en un momento de déficit público elevado. Es un mecanismo lento, no una crisis inmediata, pero es exactamente el tipo de dato que los mercados de bonos vigilan mes a mes.

Lo que hay que vigilar en los próximos informes del Tesoro (se publican con dos meses de retraso respecto al dato real) es si China y Japón retoman sus compras una vez se calme la situación en Oriente Medio, o si la reducción de marzo marca el inicio de un cambio de tendencia más duradero.

Fuentes y nivel de confianza: Los datos de tenencias de bonos (China, Japón, total extranjero) provienen directamente del Departamento del Tesoro de EE.UU., citados y verificados de forma coincidente por Invezz y el Instituto Mises. La explicación del mecanismo de intervención cambiaria es una declaración directa de Frederic Neumann (HSBC), recogida por Escenario Mundial. Nivel de confianza alto en los datos; medio en la interpretación de si esto es tendencia o episodio puntual, ya que eso todavía no se puede confirmar con un solo mes de datos.

— La Forja Global

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