El desastre comenzó con lo que los geólogos llaman un GLOF: Glacial Lake Outburst Flood. Un fragmento de glaciar del sistema Himalayo colapsó sobre el lago Jökulsárlón y el agua acumulada durante décadas de deshielo se liberó en minutos. La ola resultante alcanzó varios metros de altura, destruyó puentes, escuelas y aldeas enteras en el corredor fluvial entre Nepal y el Tibet chino, y causó al menos 160 muertos confirmados con más de 1.400 personas desaparecidas en los días posteriores al suceso. Imágenes de satélite captadas antes y después muestran cómo el glaciar rehízo literalmente el paisaje —y parte de la frontera entre los dos países— en menos de una hora.
Lo que convierte este suceso en algo cualitativamente distinto a un desastre natural ordinario es el concepto de "peligros en cascada" que los investigadores están utilizando para describirlo. Un peligro en cascada es aquel en el que un evento desencadena otro, que desencadena otro, en una secuencia que amplifica el daño de forma no lineal. En este caso: el calentamiento global debilitó el glaciar durante décadas, el glaciar cedió, el lago se vació de golpe, el río se desbordó, las aldeas quedaron sepultadas, y —detalle que los servicios de emergencias señalaron la semana siguiente— un nuevo lago ha quedado formado aguas arriba, acumulando presión. El ciclo no ha terminado.
La conexión con el contexto global de esta semana no es incidental. Los datos de temperatura de los océanos publicados también esta semana muestran que el Pacífico alcanzó el 21 de agosto su temperatura más alta jamás registrada: 21,10 grados Celsius, superando el récord anterior de 2024. Un estudio de coral publicado simultáneamente en Science analiza 1.000 años de registros de temperatura en el Pacífico ecuatorial y concluye que los fenómenos El Niño son hoy significativamente más intensos que en cualquier otro periodo de ese milenio. El glaciar del Himalaya y el Pacífico a 21 grados son el mismo fenómeno con distintos nombres.
Tres escenarios para los próximos meses. El primero y más probable: réplicas locales. El lago recién formado aguas arriba del Poiqu sigue bajo vigilancia activa de las autoridades nepalesas. Si las temperaturas de septiembre son más cálidas de lo habitual —que es lo que predicen los modelos para este otoño en la zona— el riesgo de un segundo GLOF en la misma cuenca es real y cuantificable. El segundo escenario: replicación geográfica. El Himalaya alberga más de 5.000 lagos glaciales catalogados como potencialmente peligrosos. Hasta ahora, los recursos de monitorización se concentran en un subconjunto pequeño de ellos. El tercero, el que define la política climática de los próximos años: la pregunta de quién responde económicamente cuando un país que ha emitido una fracción mínima del CO₂ histórico mundial sufre la mayor parte del daño. Nepal emite menos del 0,1% de las emisiones globales. Los glaciales que regulaban sus cuencas fluviales durante siglos están desapareciendo a un ritmo determinado por lo que emiten otros.
— La Forja Global
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