Daisuke Inoue trabajaba como tecladista y baterista en un club de Kobe, tocando música de acompañamiento para oficinistas y empresarios que querían subirse al escenario a cantar. En 1971, un cliente habitual le pidió que grabara algunas de sus canciones de acompañamiento en una cinta, para poder cantar con ellas durante un viaje de negocios en el que Inoue no podría estar presente para tocar en directo. De esa petición concreta nació la idea del Juke-8, la primera máquina de karaoke comercial de la historia — el nombre significa literalmente "orquesta vacía" en japonés. Su empresa, fundada ese mismo año junto a otros miembros de su banda, llegó a fabricar 25.000 unidades del Juke-8 y las distribuyó por todo Japón.

Inoue nunca patentó su invento. Según explicó él mismo en una entrevista recogida por la revista digital Quartz, montó la máquina a partir de componentes ya existentes en el mercado y no creía que hubiera nada realmente patentable en su combinación — y, sin que él lo supiera entonces, al menos un dispositivo similar ya se había construido de forma independiente en otra parte de Japón. Cuando el karaoke se convirtió en un fenómeno global, la falta de patente hizo imposible para Inoue cobrar regalías por cada máquina fabricada por otros. La versión filipina del invento, el sistema "Sing Along", sí fue patentada en 1975 por Roberto del Rosario — otro inventor independiente que sí protegió legalmente su versión de la misma idea.

Aquí está el matiz que la mayoría de las versiones de esta historia pasan por alto: según reconoce hoy la propia Asociación de Industriales del Karaoke de Japón, Inoue no fue el primer inventor de la máquina de karaoke — ese honor corresponde a Shigeichi Negishi, un ingeniero japonés que construyó su "Sparko Box" en 1967, cuatro años antes que el Juke-8 de Inoue, usando un altavoz, un micrófono y una pletina de casete para amplificar la voz mientras sonaba una pista instrumental. Negishi tampoco patentó su invento, y su hija explicó, tras su fallecimiento en enero de 2024 a los 100 años, que a su padre no le molestaba en absoluto no haberse hecho rico con la idea — sentía, según ella, un enorme orgullo de ver cómo su idea original había evolucionado hasta convertirse en una cultura mundial de diversión a través del canto.

Inoue, por su parte, tampoco expresó nunca arrepentimiento por no haber patentado su versión. Llegó a declarar que patentar el invento probablemente habría limitado su expansión y su influencia global — una decisión que, curiosamente, coincide con la reflexión que hicimos hace unos días sobre la insulina, aunque en un terreno mucho más ligero. En 1999, la revista Time lo incluyó entre los asiáticos más influyentes del siglo XX, y en 2004 la Universidad de Harvard le concedió el Premio Ig Nobel de la Paz, "por inventar el karaoke, proporcionando así una forma completamente nueva para que las personas aprendan a tolerarse entre sí". Hoy, la industria global del karaoke se estima en unos 5.300 millones de dólares.

Fuentes y nivel de confianza: La historia de Daisuke Inoue, la fecha de 1971, la fundación de su empresa y su reconocimiento con el Premio Ig Nobel están confirmados de forma coincidente por La Nación, Wikipedia y Quartz. El reconocimiento de Shigeichi Negishi como inventor anterior (1967) por parte de la Asociación de Industriales del Karaoke de Japón está confirmado por Wikipedia, citando fuentes como el Wall Street Journal y NPR. La cifra de valoración de la industria global del karaoke (5.300 millones de dólares, dato de 2022) proviene de Grokipedia.

— La Forja Global

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