Alfred Nobel patentó la dinamita en 1867, después de descubrir que mezclando nitroglicerina —un explosivo líquido tan inestable que su propia fábrica había estallado en 1864, matando a su hermano menor Emil y a varias personas más— con kieselguhr, un sedimento poroso de origen silíceo, obtenía una pasta moldeable en forma de barras. El resultado era, según describe la Universidad McGill, un explosivo que se podía dejar caer, pisar o incluso prender fuego sin que detonara: solo estallaba al activarse con un detonador específico, también invención suya. Nobel creía genuinamente que la dinamita sería una herramienta de construcción, no de destrucción, y durante años tuvo razón: transformó la construcción de túneles, canales, minas y ferrocarriles —el túnel ferroviario de San Gotardo, en los Alpes suizos, se abrió en 1882 perforando casi 15 kilómetros de montaña gracias a este material—.
La invención le hizo inmensamente rico. Llegó a tener fábricas y laboratorios en más de veinte países y acumuló 355 patentes a lo largo de su vida. Pero el 13 de abril de 1888, Nobel se despertó con un titular que le pertenecía a él mismo sin haber muerto: "Le marchand de la mort est mort" —"el mercader de la muerte ha muerto"—, publicado por una agencia de prensa francesa. El error era simple: había sido su hermano mayor, Ludvig, quien había fallecido mientras pasaba unos días en Cannes, y un periodista había confundido a los dos hermanos. El texto de la esquela, según recoge Live Science, describía a Nobel como un hombre que "se había hecho rico encontrando formas de matar a más gente, más rápido, que nunca antes".
Nobel, según todas las fuentes consultadas, quedó profundamente afectado al leer cómo el mundo pensaba recordarlo. Los historiadores todavía debaten hasta qué punto ese episodio concreto fue la causa directa de lo que vino después, pero el hecho es que ocho años más tarde, en 1895, Nobel firmó un testamento que destinaba la mayor parte de su fortuna —equivalente hoy a miles de millones de dólares— a crear una serie de premios anuales para reconocer contribuciones sobresalientes en física, química, medicina, literatura, y, de forma más inesperada aún, la paz. Nobel murió en 1896 en San Remo, Italia, como un solterón recluido y sin herederos directos. Según Britannica, existe evidencia consistente de que su amistad con la pacifista austriaca Bertha von Suttner también influyó en su decisión de crear específicamente el premio de la paz —no fue, por tanto, un gesto aislado de arrepentimiento repentino, sino la confluencia de varios factores en los últimos años de su vida.
Su familia se opuso al testamento, y hubo disputas legales durante años antes de que se respetara su última voluntad. El 10 de diciembre de 1901 —exactamente cinco años después de su muerte— se entregaron los primeros Premios Nobel en Estocolmo. El comité del Premio Nobel de la Paz, por decisión explícita del propio Nobel en su testamento, quedó a cargo del Parlamento noruego, no del sueco —una distinción institucional que se mantiene, sin cambios, hasta el día de hoy.
— Cristian Milmanda
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Fuentes : La invención de la dinamita en 1867, el método de estabilización con kieselguhr, y la explosión de la fábrica en 1864 que mató a su hermano Emil están confirmados de forma coincidente por Britannica, McGill University (Office for Science and Society) y Missed History. El episodio de la esquela publicada por error tras la muerte de su hermano Ludvig en 1888, incluida la cita textual del titular francés y la descripción del contenido de la esquela, está confirmado de forma coincidente por Britannica, Live Science, NBC News, McGill University y Missed History —todas fuentes que coinciden en los hechos centrales, con matices menores en la redacción exacta de la cita—. El testamento de 1895, la fecha de la primera entrega de los premios (10 de diciembre de 1901), y la asignación del Premio Nobel de la Paz al Parlamento noruego proceden de Missed History, con la influencia de Bertha von Suttner confirmada específicamente por Britannica. Nivel de confianza alto en la totalidad de los hechos narrados, al coincidir múltiples fuentes académicas y periodísticas de referencia; se señala explícitamente, como hacen las propias fuentes, que la relación causal directa entre la esquela y la decisión del testamento sigue siendo objeto de debate historiográfico, no un hecho cerrado.

