En octubre de 1950, cinco meses después de la Declaración Schuman que dio origen a la construcción europea, Francia presentó el Plan Pleven: la creación de una Comunidad Europea de Defensa, con un ejército único integrado por unidades nacionales, mando único y presupuesto único. La propuesta no nació de un análisis frío de las carencias militares francesas, sino del miedo de Jean Monnet a que Alemania rearmara fuera de un marco europeo controlado, apenas cinco años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El tratado se firmó en 1952 entre los seis países fundadores de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Cuatro de los seis Estados ya lo habían ratificado quando, el 30 de agosto de 1954, la Asamblea Nacional francesa —la misma institución cuyo gobierno había impulsado la idea— rechazó ratificarlo. Socialistas divididos, gaullistas que veían en ello un ataque a la soberanía nacional, comunistas que lo consideraban una imposición americana: el rechazo no vino de un solo bloque político, sino de una fractura generalizada. El proyecto murió esa misma tarde. Alemania acabó integrándose directamente en la OTAN.

El mecanismo que hundió aquel primer intento no era una cuestión de dinero ni de capacidad militar: era el reparto del mando. Ceder el control de las propias fuerzas armadas a una estructura común resultó ser una cesión de soberanía que ningún parlamento nacional, ni siquiera el que había propuesto la idea, estaba dispuesto a sostener hasta el final cuando llegó el momento real de votarlo.

Setenta y un años después, el mismo obstáculo sigue sin resolverse — solo que ahora con mucho más dinero de por medio. Los países de la Unión Europea gastaron 326.000 millones de euros en defensa en 2024, un 30% más que en 2021. La Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), activa desde 2017, agrupa a 26 de los 27 Estados miembros en 68 proyectos conjuntos: defensa aérea integrada con 18 países participantes, munición de precisión compartida entre 17, guerra electrónica entre 14. En 2022 se aprobó una Capacidad de Despliegue Rápido de 5.000 soldados en cuestión de días. El Plan de Rearme y Preparación 2030, aprobado en marzo de 2025, moviliza otros 800.000 millones adicionales, con un instrumento específico de 150.000 millones ya bautizado SAFE. La infraestructura financiera y legal para actuar de forma conjunta existe, y existe a una escala que en 1954 habría sido inimaginable.

Lo que sigue faltando es exactamente lo que hundió el Plan Pleven: un mando único real. Según el Informe Draghi de septiembre de 2024, la fragmentación de la defensa europea —cada país comprando y desarrollando armamento por su cuenta, sin coordinación de mando— cuesta a Europa entre 25.000 y 100.000 millones de euros al año solo en duplicación de capacidades. No es un problema de recursos. Es, literalmente, el mismo problema de 1954 con más ceros en la cifra: los Estados están dispuestos a gastar juntos, a entrenar juntos, a comprar juntos — pero no a que otro que no sea su propio gobierno decida cuándo y cómo se usan sus tropas.

La pregunta que nadie responde con datos: si Europa ya demostró en 1954 que el dinero y la buena voluntad no bastan sin un mando común, y hoy tiene más dinero, más estructura y más proyectos que nunca pero sigue sin ese mando, ¿qué tendría que ocurrir para que esta vez sea distinto?

— La Forja Global

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Fuentes : La historia del Plan Pleven (1950), la firma del tratado en 1952, la ratificación por cuatro de los seis Estados fundadores y el rechazo de la Asamblea Nacional francesa el 30 de agosto de 1954 están confirmados de forma coincidente por Newtral (fact-check con fuentes del Instituto Nacional Audiovisual de Francia y el Centro Luxemburgués de Historia Contemporánea y Digital), Juspedia y la revista Política Exterior. El motivo original del Plan Pleven —el temor de Jean Monnet al rearme alemán fuera de un marco europeo— está confirmado por una tesis doctoral especializada indexada en Dialnet y ResearchGate. Los datos de gasto en defensa de la UE (326.000 millones de euros en 2024, +30% desde 2021), PESCO (26 países, 68 proyectos) y el Plan de Rearme 2030 (800.000 millones, instrumento SAFE de 150.000 millones) provienen de la Agencia Europea de Defensa y el Consejo de la UE, ya verificados en un análisis anterior de esta newsletter. El coste de la fragmentación (25.000-100.000 millones de euros anuales) proviene directamente del Informe Draghi de septiembre de 2024. Nivel de confianza alto en todos los datos históricos y actuales citados.