El lunes salió el artículo sobre Nobel corregido, el que separa la leyenda del dato real. El mismo día, sin darme cuenta, quedó publicado también el otro, el que repite el titular sin matizar. Dos versiones contradictorias, en el mismo hueco, durante horas. Nadie me lo señaló. Lo vi yo, revisando el panel, por pura casualidad.
Llevo toda la semana insistiendo en que aquí no se publica nada sin fuente, y el fallo de esta semana no fue una cifra inventada. Fue algo más tonto y más humano: no revisar bien antes de dar por cerrado un día que había ido demasiado rápido. Se corrige fácil. Pero me ha hecho pensar en algo que no me gusta admitir: cuanto más produzco, más probable es que algo así se me escape.
Y esta semana produje mucho. Un artículo tras otro, tres al día entre semana, cada uno con su ronda de fuentes, sus matices, su pregunta final. Además seguí moviendo LinkedIn, comentando en publicaciones ajenas con el mismo cuidado que exijo en las propias, y dejé el canal de Telegram con sus primeras publicaciones para que dejara de estar vacío.
Octubre se acerca y con él el vencimiento del alquiler, y la búsqueda de piso sigue sin dar resultado. No es la primera vez que lo digo aquí y no será la última: construir esto solo, sin ingresos todavía, mientras se resuelve algo tan básico como dónde vas a vivir el mes que viene, cansa de una forma distinta a la del trabajo en sí. No busco compasión con esto. Solo dejo constancia, porque prometí no maquillar lo que hay.
Lo que sí tengo claro es que el ritmo de esta semana no es sostenible indefinidamente sin bajar la guardia en algún sitio, y el sitio donde no puedo permitírmelo es la verificación. Así que la semana que viene voy a hacer algo que me cuesta: revisar el calendario dos veces antes de dar nada por publicado, aunque eso signifique ir más despacio.
— Cristian Milmanda
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