En 2024, los países miembros de la Unión Europea gastaron conjuntamente 326.000 millones de euros en defensa. Es un aumento del 30% respecto a 2021 y representa el 1,9% del PIB europeo — rozando por primera vez el objetivo del 2% establecido por la OTAN. Diez estados miembros destinaron más del 30% de ese gasto a inversión en nuevas capacidades. El dinero se está moviendo.

Y aun así, Europa no tiene un ejército operativo conjunto. No tiene un mando unificado. No tiene una cadena de decisión que pueda activarse en horas en lugar de semanas. Tiene 27 ejércitos nacionales, 27 presupuestos de defensa separados, 27 procesos de adquisición distintos — y una coordinación que depende de que 27 gobiernos con 27 agendas electorales distintas lleguen a un acuerdo antes de que la situación que requería respuesta haya evolucionado sin ellos.

El problema no es el dinero. Es el diseño.

Lo que casi nadie menciona en el debate público es que las herramientas para cambiar ese diseño ya existen y llevan años operando. La Cooperación Estructurada Permanente — PESCO — fue creada en 2017 y cuenta hoy con la participación de 26 de los 27 estados miembros. Tiene 68 proyectos conjuntos activos en dominios que van desde la defensa aérea integrada — con 18 países firmantes — hasta la guerra electrónica con 14 y el buque de combate europeo con 7. La Capacidad de Despliegue Rápido aprobada en 2022 permite movilizar 5.000 soldados en días. La estructura existe. Lo que falta es comando unificado y obligatoriedad real.

En fiscalidad ocurre lo mismo. Con NextGenerationEU, la UE emitió deuda común por primera vez en su historia — 800.000 millones de euros — y funcionó. El Plan Rearme Europa presentado por la Comisión en marzo de 2025 moviliza otros 800.000 millones adicionales para defensa usando el mismo mecanismo, con un instrumento específico — SAFE — capaz de recaudar 150.000 millones en mercados de capitales. El presupuesto anual de la UE para 2026, aprobado en noviembre de 2025, asciende a 192.800 millones de euros. La herramienta de financiación común existe. Lo que falta es hacerla permanente y vinculante.

El único problema que queda es político, no técnico: ningún gobierno quiere ser el primero en ceder soberanía en las tres áreas que dan poder real — impuestos, armas y jueces — aunque las herramientas para hacerlo ya estén construidas y probadas.

El coste de esa parálisis es cuantificable. Según el Informe Draghi sobre competitividad europea, la fragmentación en defensa le cuesta a Europa entre 25.000 y 100.000 millones de euros al año en duplicación de capacidades, ineficiencias de adquisición y pérdida de economías de escala. Es dinero que se gasta dos veces porque 27 países compran por separado lo que podrían comprar juntos. Washington decide en días. Pekín en horas. Europa tarda meses — y el mundo no espera.

La pregunta que nadie responde con datos: si la deuda común ya existe, si la cooperación de defensa ya funciona en 26 países, si la jurisdicción europea ya opera en materias económicas — ¿qué decisión concreta falta tomar, y qué gobierno europeo está dispuesto a proponerla primero?

— La Forja Global

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Fuentes : El gasto en defensa de 326.000 millones de euros y el aumento del 30% desde 2021 proceden de la European Defence Agency (2024). Los datos de PESCO — 26 estados, 68 proyectos, cartas de intención en cuatro áreas de capacidad — proceden del Consejo de la UE (marzo 2024). El Plan Rearme Europa y el instrumento SAFE de 150.000 millones proceden de Infodefensa.com con referencia directa al documento de la Comisión Europea (marzo 2025). El presupuesto UE 2026 de 192.800 millones procede del Consejo Europeo (noviembre 2025). El coste de la fragmentación de 25.000-100.000 millones anuales procede del Informe Draghi (septiembre 2024). Confianza alta: todas las fuentes son institucionales y verificables.