El primer semáforo del mundo se instaló en Londres en diciembre de 1868, frente a las Casas del Parlamento. Lo diseñó el ingeniero ferroviario J. P. Knight, con brazos semafóricos y una farola de gas. Duró poco: un escape de gas provocó una explosión menos de un mes después, y el experimento se abandonó. La primera versión eléctrica en Estados Unidos llegó mucho después, el 5 de agosto de 1914, en Cleveland, diseñada por James Hoge y operada a mano por un policía.

Garrett Morgan, inventor autodidacta de Cleveland e hijo de dos personas que habían sido esclavizadas, no patentó su semáforo hasta el 20 de noviembre de 1923, es decir, 55 años después del primer intento en Londres y casi una década después de la primera versión eléctrica estadounidense. Su mérito no fue llegar primero: fue resolver un problema muy concreto que los semáforos anteriores no resolvían.

Antes de Morgan, los semáforos solo tenían dos posiciones, alto y siga, y el cambio entre ambas era brusco: en el instante en que un sentido pasaba a siga, el otro tenía que frenar de golpe, con el riesgo de colisión que eso implicaba en los cruces. Según cuenta Morgan, la idea le llegó tras presenciar un choque entre un automóvil y un carruaje de caballos que llevaba a una niña. Su solución fue añadir una tercera posición intermedia, en la que el tráfico se detenía en todas las direcciones antes de que ningún sentido avanzara. Esa señal de precaución es la antecesora directa del ámbar que usamos hoy en cualquier semáforo del mundo.

El diseño era una estructura en forma de T con brazos móviles, parecida a las señales de los ferrocarriles. Vendió los derechos a General Electric por 40.000 dólares, el equivalente a unos 733.000 dólares de hoy.

El semáforo no fue su único invento relevante. En 1914 había patentado ya una capucha protectora, precursora de la máscara de gas moderna, que en 1916 se usó para rescatar a ocho trabajadores atrapados tras una explosión en un túnel bajo el lago Erie. La noticia se hizo nacional, pero según Britannica, la prensa de la época omitió mencionar la participación de Morgan. Y para vender su capucha en el sur de Estados Unidos, donde el racismo hacía que muchos se negaran a comprarle a un hombre negro, llegó a contratar a un actor blanco para que se hiciera pasar por el inventor mientras él actuaba como su ayudante en las demostraciones.

No recibió reconocimiento oficial hasta poco antes de morir, en 1963, cuando el Gobierno de Estados Unidos le concedió una mención por su semáforo. Hoy, el prototipo original se conserva en el Smithsonian.

Si la parte del semáforo que de verdad importa, la que evita colisiones en cada cruce del planeta, no fue la luz roja ni la verde sino la pausa intermedia que Morgan añadió entre ambas, ¿cuántas otras innovaciones decisivas de la historia son, en realidad, ese tipo de ajuste discreto entre dos ideas que ya existían?

— La Forja Global

#GarrettMorgan #HistoriaDelInvento #Innovación #LaForjaGlobal

Fuentes y nivel de confianza
El primer semáforo de Londres (1868, J. P. Knight, explosión por gas) y el primer semáforo eléctrico de Cleveland (1914, James Hoge) proceden de Traffic Control Corp y de coberturas coincidentes en History.com y The Drive. La fecha de la patente de Morgan (20 de noviembre de 1923, patente n.º 1.475.074), la anécdota del accidente que lo inspiró, el diseño en T con tres posiciones y la venta a General Electric por 40.000 dólares proceden de History.com, Britannica y Wikipedia, que coinciden entre sí. La equivalencia de 733.000 dólares actuales procede de Nice News. La patente de la capucha de gas de 1914, el rescate de 1916 en el lago Erie y la omisión de su nombre en la prensa de la época proceden de Britannica. La estrategia del actor blanco para vender la capucha en el sur procede de Unanswered.io y The Drive. El reconocimiento oficial de 1963 y la conservación del prototipo en el Smithsonian proceden de The Drive. Confianza alta en el conjunto: son hechos documentados que coinciden en múltiples fuentes independientes.